Diseño responsable

Muchos llegamos al mundo digital atraídos por la belleza y el poder de la comunicación visual. Atraídos por poder crear aplicaciones y objetos con las que la gente interactúe. Rara vez se nos habla, antes de llegar, de su cara oculta, la de las consecuencias que tiene hacer un mal trabajo.

Soy consciente de que muchos pensamos que nuestro trabajo es importante, es incluso esencial. A menudo, creemos que aquello que elegimos es aquello que somos, y que eso, es lo mejor para el mundo. Sí, pienso así de mi profesión, pienso así del Diseño. Creo que importa, por qué no la veo como una profesión, si no como una actividad cuyos resultados pueden ser realmente negativos si no se ejerce de forma consciente y responsable y a su vez puede resolver cada problema de los que afronta el mundo.

Todo lo que funciona mal, funciona así porque se diseño mal. Ya sean aplicaciones móviles, electrodomésticos, empresas, servicios de atención al cliente, tu aplicación del banco, el edificio en el que trabajas, los sistemas que te educaron, las iniciativas de tu gobierno y puede que hasta la democracia en sí, cuando fallan y te afectan a tí y a otros de una u otra forma, lo hacen porque consciente o inconsciente se concibieron de esa forma, con defectos, con errores y de ser así, necesitan ser reparados o rediseñados.

La gente diseña continuamente. Incluso creo que todo el mundo puede diseñar, de la misma manera que todo el mundo puede dibujar. Unos lo hacen de forma básica, casi primitiva y otros son tan buenos en ello que no sólo se ganan la vida, si no que destacan, brillan y comparten fama con otros pocos elegidos en sus oficio. La diferencia entre ambos mundos es que un profesional, entre otras cosas, suele contar con preparación, proceso, experiencia, conciencia de lo que está haciendo, suele investigar, dispone de información previa, trata de comprender el terreno sobre que va a trabajar, sabe a quien dirigir su proyecto y frecuentemente conoce las consecuencias de hacer mal su trabajo.

Diseñamos, creamos cosas, actividades, negocios, comida… Sólo que no lo llamamos diseño.

Lo hacemos cuando organizamos una fiesta o nuestras vacaciones o cuando decoramos nuestras casas. Cuando reorganizamos nuestras oficinas, cuando tenemos una idea de negocio que queremos montar con alguien más, cuando decidimos a quien contratar o despedir o en el caso de los políticos, cuando deciden en que se invertirá el dinero de los contribuyentes… En todos esos casos, nos embarcamos en un proceso, en una una encadenada toma de decisiones que tendrá un resultado e impacto para aquellos relacionados con todo ello.

Y es que eso es diseñar (a mi entender), una continua y relacionada toma de decisiones que trata de atender una problemática o problemáticas especificas con el ánimo de resolverlas, generando un beneficio o resultado positivo en las partes implicadas.

El problema es que las personas, cuando diseñamos, a menudo, subestimamos el impacto de aquello que estamos haciendo, sobre todo el negativo. Rara vez pensamos en términos de consecuencias. Nos ilusionamos con la idea, nos creemos la intención, nos maravillamos con el camino… Rara vez nos detenemos a hacernos preguntas como ¿Qué es lo peor que puede pasar si lo que estoy haciendo falla?¿A quienes afectará?¿De qué forma?¿Qué forma tendrá ese impacto?

Eso es diseñar, una continua y relacionada toma de decisiones que trata de atender una problemática o problemáticas especificas con el ánimo de resolverlas, generando un beneficio o resultado positivo en las partes implicadas.

Creo que el tiempo que vivimos es un tiempo de consecuencias de un mal diseño, al menos pobre o tal vez obsoleto. Da igual quién y cuándo, sencillamente se diseño mal, pero lo peor es que aun se permite seguir funcionando así.

Asimetría de la responsabilidad

Mucho se habló de Cambridge Analytica y de cómo esta empresa utilizó Facebook para facilitar la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, engañando y manipulando mediante fake news al pueblo americano (Ver en Netflix “The Great Hack” ).

Cambridge Analytica se diseño para influir en la decisión de los votantes de Estados Unidos (Y en el Brexit), pero si la red social sirvió de canal para que el hoy Presidente, engañara con ellos a parte de un país y se alzara con la victoria en las elecciones presidenciales de 2016 es porque Facebook, no se diseñó bien… Sin embargo, también me parece cierto, que si las democracias sirven para alguien como él, domine el país más poderoso de la tierra, es que tal vez, la democracia no se haya diseñado del todo bien.

Estamos rodeados de sistemas que fallan frecuentemente y que fallan además cuando se trata ser el cortafuegos ante amenazas para nosotros. Esa, es la peor parte, cuando ante el impacto negativo, aparece además la exención de responsabilidad, ahí es cuando el daño no se detiene.

Tanto Facebook como Twitter permiten de forma consciente, que Trump pueda utilizarles como medio para acosar y mentir a medio planeta. De tomar acción sobre ello ¿Cuánto daño y tensión estarían evitando?

Otro ejemplo, es el de los medios de comunicación. Frecuentemente se presentan ante nosotros como “el mensajero”, aquellos que traen las noticias y los hechos. Un simple intermediario entre los sucesos del mundo y nosotros que dice mantener una posición aséptica y neutral.

Nada más lejos de la realidad. El trabajo de los medios de comunicación, dirigidos por personas, como es normal, con intereses personales y empresariales, es producir cantidades ingentes de contenido donde colocar espacios publicitarios. Más contenido, más visitas, más publicidad, más dinero, y hasta ahí todo legitimo.

El problema es que este contenido puede influir sobre las ideas, las creencias, el estado anímico y las decisiones de múltiples personas y comunidades a menudo nada pequeños.

El axioma repetido hasta la saciedad es “El público tiene derecho a estar informado”. Tal vez es cierto, informado sí, influenciado, atemorizado, manipulado de forma sesgada (a menudo de forma intencionada), y menos a cambio de un beneficio económico, tal vez no tanto. ¿De no ser así, por qué incluir artículos o programas de opinión?¿Por qué repetir día a tras día noticias sobre sucesos terribles?¿Por que tener línea editorial?

En multitud de países occidentales como España, Estados Unidos o Reino unido es fácil leer o ver dos medios diferentes y asistir a realidades completamente diferentes. Realidades que se ven polarizadas aun más en las redes sociales, gracias a la existencia de algoritmos que deciden por nosotros aquello que “queremos” ver, que suele ser lo que está relacionado con nuestras convicciones, eliminando de nuestro camino la realidad de “los otros”.

Es un debate a mi entender apenas abierto, o al menos no tan público como creo que podría ser. Es el de la responsabilidad sobre las consecuencias de aquello que producen y que toca la vida de las personas, les guste o no, lo acepten o no,y que además provoca una asimetría en el riesgo: Yo produzco algo cuyas consecuencias pagan los demás.

Hay ciertas profesiones sin margen de error. La arquitectura, medicina, ingeniería aeroespacial o naval entre muchas otras, porque un error puede suponer personas muertas.

Pero apenas exigimos en otros oficios el mismo grado de responsabilidad, y si bien es cierto que podrían no implicar fallecidos, pueden tener otro tipo de impactos. Sin ir más lejos, cuando alguien nos contrata para definir una estrategia o moldear los productos digitales de su empresa o cualquier otro servicio, está poniendo parte del futuro de su empresa, de sus empleados y probablemente el suyo propio en nuestras manos. ¿Por qué exigirnos menos?

No debería haber una sola profesión exenta de asumir responsabilidad sobre aquello que producen y es frecuente ver a la política, la banca, la prensa e incluso el cine, vivir ajenas a las consecuencias de sus decisiones, ideas y creaciones.

El cambio pasa por la responsabilidad

Entender como impacta nuestro trabajo a los demás cambia radicalmente nuestra forma de tomar decisiones. Un político que manda a soldados a la guerra lo hace sin asumir responsabilidad. Si el mismo tuviera que ir al campo de batalla, como hicieron muchos líderes militares en el pasado, tal vez se lo pensaría dos veces. El riesgo no es el mismo, las posibles consecuencias tampoco. Asumir las consecuencias como propias implica una forma diferente de decidir, de construir.

Si hay un camino para cambiar las cosas, si hay un poder para cambiarlo todo, es ese, el de hacernos conscientes del impacto y el poder de lo que estamos produciendo. Tomar conciencia y acción sobre aquello que no está bien y trabajar para cambiarlo, cueste lo que cueste, para hacerlo funcionar de forma adecuada.

Es binario, sumas a lo que funciona bien, o a lo que funciona mal.

Es hora de arreglar cosas. Es hora de arreglar sistemas. Siempre lo es. Y somos nosotros, nuestros equipos y compañeros, a través de nuestras decisiones y de aquello que producimos quienes podemos ir haciéndolo.

El diseño importa, tanto como el resto de profesiones. Pero importa más que nunca, porque diseñar es eso, es dar solución a los problemas de personas y empresas. No es hacer cosas bonitas esperando adulación. Es implicarse, ensuciarse y muchas veces desesperarse tratando de hacer que departamentos completos, jefes, empresas, compañeros y competencia puedan formar parte de algo que en el fondo sabemos, importa más, mucho más que ganar dinero.

Diseñar es cambiar cosas y frecuéntemente el que rompe el muro el se lleva la peor parte. Pero ya no hay excusa. Todos conocemos la frustración que generan la mala atención, el mal servicio, los malos productos, las ineficiencias burocráticas, las ciudades intransitables, problemas de inseguridad, injusticia, la violencia de genero, el racismo…

Hay mucho que rediseñar, mucho trabajo por hacer. Elige tu lucha, desde tu trinchera, desde tu posición y hazte las preguntas ¿Qué es lo peor que puede pasar si lo que estoy haciendo falla? ¿A quien afectará? ¿De qué forma? y sobre todo ¿Qué puedo hacer para resolverlo?¿Estoy dispuesto a hacer ese esfuerzo?

Eres responsable de lo que haces, de lo que produces, de lo que pasa por tus manos. Te guste o no, estás ahí para que funcione de forma adecuada para quien lo usa, para que sea útil, para que aporte valor y sobre todo para que no haga daño.

David Letterman: Nothing rigth in the world ever occurs without a fight.
Barack Obama: Or at least some disconfort.

David Letterman, My next guest needs no introduction (Temporada 1 — Capítulo 1 con Barack Obama, Netflix originals)

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